Siete años en el Tibet

02 enero, 2012 0 comentarios



Desde el momento cuando de pequeña vi la celebre película "Siete años en el Tíbet" me fascinaba el pensamiento budista. No tanto desde el punto de vista religioso, más bien como un modo de vivir totalmente diferente y opuesto a los guíones que nos propone la cultura occidental...
Uno de mis amigos de Polonia intento seguir su camino. Escuchando sus relatos acerca de las experiencias que le iba proporcionando la estancia en uno de los centros budista de Berlin me asustaba y a la vez inspiraba la omnipresente paz que emergía de los monjes, el autocontrol, la libertad de estar independiente del gran poder de tener y el amor que acompañaba a todas sus acciones, desde fregar los platos hasta meditar.. Considerando su forma de vivir un modelo de existencia más perfecto en su harmonía con el entorno, me gustaría incluir en este blog una pequeña descripción de sus fundamentos.

Meditación

Las meditaciones budistas dan una forma de trabajar en la mente usando la mente: permitiendo incrementar la capacidad de conciencia y positividad, que a su vez se puede usar para ver la naturaleza de las cosas como realmente son. 

El Buda

Buda es una palabra sánscrita que significa "el que despertó". Éste es el término que se le asigna al fundador del budismo. Él no era un dios ni era un profeta ni un mesías.
El Buda nació como un ser humano normal que, a través de su esfuerzo, alcanzó un estado de perfecta sabiduría y completa sensibilidad hacia todo lo que existe. Dicho en otras palabras, él despertó a su propio potencial y a la naturaleza verdadera del mundo que le rodeaba.
A este estado tradicionalmente se le denomina "Iluminación" y es la esencia de la enseñanza budista. Todas sus doctrinas y prácticas están hechas para ayudar al ser humano, hombre o mujer, a llegar a su propio potencial de Iluminación.
Desde los tiempos del Buda muchos otros hombres y mujeres también han alcanzado el estado de iluminación, sin embargo, el título de "el Buda" se reserva generalmente para el pionero, Siddharta Gautama, el hombre que descubrió el sendero a la iluminación y que indicó el camino para que otros lo siguieran.

Renacimiento

El renacimiento no es la reencarnación del "yo".
El budismo enseña que no siempre se experimentan los resultados del karma de forma inmediata; en ocasiones se cumplen mucho más tarde, incluso en otra vida. A lo largo de los años, los budistas han sostenido que el proceso de volver a ser se produce no sólo en esta vida, donde nos renovamos cada minuto, sino también más allá de la barrera aparente de la muerte, donde nuestra voluntad determina, asimismo, la forma en que renacemos.
En este sentido, "renacimiento" no es sinónimo de "reencarnación". No se trata de que una esencia espiritual fija e inamovible encuentre cobijo en otro cuerpo cuando el primero ya se ha gastado. Lo que ocurre es que el ritmo de cambio continuo sigue su curso, del mismo modo que una llama de fuego avanza por un conjunto de ramas, pasando de una a otra. La llama nunca cesa de cambiar. De igual modo, nunca es el mismo "yo" el que renace.

Esas son las bases de la doctrina que considero cruciales. Sin embargo, hay otros elementos que me parece imprescindible remarcar: el uso de la conciencia en cada momento, en cada acción, hasta la más trivial: comiendo, caminando, respirando los budistas sienten con todo su ser la vida y disfrutan de cada instante respetando a todo lo que les rodea y a ellos mismos. Esa es la iluminación.

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